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ENSAYO
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El
periplo mediático de la invasión extraterrestre más
famosa, analizado por un especialista.
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Carlos |
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| ESPECIAL H.G. WELLS |
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Como parte de la celebración por la edición de No pasarán en España, Carlos Scolari publicó en su sitio web este ensayo que aquí reproducimos dedicado a Herbert George Wells. Este texto, además, forma parte del libro en sí y aporta una minuciosa revisión del recorrido mediático realizado por The War of the Worlds. |
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1.
¡Llegan los marcianos!
«¡Ya
llegan! ¡Llegan los marcianos!» Pero
la amenaza no venía sólo de Berlín. En el siglo XIX muchos astrónomos
estaban realmente convencidos de la existencia de vida inteligente en
Marte. A partir de 1877 el astrónomo italiano Giovanni Virgilio Schiaparelli
comenzó a recorrer con su telescopio la compleja red de canales sobre
la superficie marciana -descubierta por el jesuita Angelo Secchi en el
siglo XVIII- dando origen a un debate que marcaría la ciencia y la literatura
de los años sucesivos. Impresionado por las que aparecían como gigantescas
obras de ingeniería hidráulica, Schiaparelli se preguntará en su clásico
La Vita sul Pianeta Marte: ¿Qué forma de orden social será la más
conveniente para mantener esa estructura hidráulica? ¿Un socialismo colectivo,
que transforma cada valle en un «falansterio»? ¿O una «federación de valles»
independientes? Más allá de la respuesta, la existencia de vida inteligente
en Marte parecía fuera de discusión. A
finales del siglo XIX cientos de astrónomos se entretenían escudriñando
el cuarto planeta del sistema solar. Entre ellos estaba M. Javelle, un
astrónomo de Niza (Francia) que había entrevisto con su telescopio extrañas
luces sobre la superficie marciana. Pero no sólo los europeos miraban
hacia los cielos; desde su observatorio privado en Arizona el astrónomo
estadounidense Percival Lowell también estudiaba con atención los canales
descubiertos por Secchi tratando infructuosamente de individuar a sus
constructores. Lowell publicará en 1896 el libro Mars a la que
seguirán otras tres obras de astronomía divulgativa que alcanzaron una
gran repercusión: Mars and its Canals (1906), Mars and its Mystery
(1906) y Mars as the Abode of Life (1908). Si Schiaparelli había
tímidamente expuesto la hipótesis geológica para explicar la formación
de los canales –pero sin descartar a priori
un posible origen artificial («Yo me cuidaré bien de combatir esa suposición,
la cual no tiene nada de imposible» afirmaba el astrónomo italiano)
–, Lowell será un ardiente
defensor de la presencia de una cultura inteligente en Marte. Según el
astrónomo norteamericano los canales rectilíneos que cruzan su superficie
sólo podían ser el resultado de un complicado trabajo de ingeniería realizado
por una civilización muy avanzada. También el astrónomo francés Flammarion
(autor de La Planète Mars) defendía esta hipótesis. En
1898 Herbert George Wells publicará en Londres The War of the Worlds,
la madre de todas las invasiones de la ciencia ficción. Nacido en 1866
en una familia modesta, Wells había conquistado al público con The
Time Machine, su primer scientific romance; dos años más tarde
confirmará este consenso entre los lectores gracias a The Invisible
Man, otra obra magistral de la literatura fantástica victoriana. Con
The War of the Worlds, H. G. Wells funda un riquísimo filón narrativo
que marcará a fuego a la ciencia ficción del siglo XX; esta obra «acepta
la premisa de Lowell de que existen unos marcianos inteligentes, les dota
de la naturaleza agresiva atribuida desde antiguo al sangriento planeta
rojo que lleva el nombre del dios de la guerra, y se sirve de las descripciones
científicas de Marte elaboradas por Lowell para extrapolar la naturaleza
y los propósitos de la raza que invade la Tierra … La novela de Wells
es la primera de una larga serie de obras que aceptan la hipótesis de
los marcianos inteligentes y la toman como punto de partida de una extrapolación
novelística muy elaborada» (Scholes-Rabkin, 1982:132). Podemos decir
que The War of the Worlds empieza donde termina The Time Machine.
Si en este romance el viajero temporal llega a vislumbrar los últimos
días de nuestro planeta, cuando la vida está a punto de extinguirse debido
a la muerte del sol, los marcianos que deciden invadir la Tierra deben
afrontar el mismo problema: la decadencia de un ecosistema. El fantasma
de Darwin se agita detrás de cada una de las páginas escritas por Wells. The
War of the Worlds obtuvo un éxito tan grande que inspiró a numerosos autores de menor calibre.
Apenas pocos meses después de su publicación los escritores replicantes
se pusieron a trabajar. El astrónomo y divulgador científico estadounidense
Garret P. Serviss sintió la imperiosa necesidad de publicar Edison’s
Conquest of Mars, una obra –aparecida en forma de serial en 1898 y
como libro en 1917– en la cual la Tierra envía una flota a Marte para
vengar la agresión marciana narrada por H. G. Wells. En 1912, el virus
de la invasión también contagió al francés Jean de la Hire, quien escribirá
una obra –Le Mystère des XV– que pretendía ser una continuación
de The War of the Worlds.
2.
La invasión sale al aire «Tomamos
las mantas y mi nieta quería llevarse el gato y el canario. Estábamos
delante del garaje cuando vino el chico del vecino y nos dijo que era
una obra de teatro.» Los
oyentes que sintonizaban el Mercury Theatre descubrían que el espectáculo
era continuamente interrumpido para permitir la difusión de comunicados
urgentes. La entrada impetuosa de la «noticia de último momento» no era
nueva en el mundo radiofónico estadounidense: en setiembre de 1938 –un
mes antes de la emisión de Welles– la programación había sufrido interrupciones
a cada momento porque corrían fuertes rumores de un inicio de las hostilidades
contra las potencias del Eje. Para enriquecer el texto y aumentar su credibilidad,
el guión de Koch proponía además la salida al aire «en directo» de astrónomos
pertenecientes a las principales universidades y observatorios norteamericanos.
El profesor Richard Pierson –interpretado por Orson Welles– era el personaje
central del drama. A medida que avanzaban los marcianos los otros personajes
que ocupaban altos cargos de gobierno entraban en escena: el general Montgomery
Smith, el vicepresidente de la Cruz Roja y el Secretario del Interior
daban precisas indicaciones para la evacuación de la población civil y
la organización de la contraofensiva. Numerosos oyentes cayeron en la
trampa de Welles; otros, en cambio, intuyeron inmediatamente las características
ficcionales del programa: «era como uno de esos cuentos que leo en
Amazing Stories, pero mucho más emocionante». Los
fenómenos de histeria colectiva que se dieron durante la emisión del programa
ya entraron en la historia de los mass-media: «miré desde la ventana
y todo parecía normal. Se ve -pensé- que todavía no llegaron a este barrio…
», explicaba un oyente, pocas semanas más tarde, frente a un investigador.
Miles de personas, desde New Jersey hasta los pequeños pueblitos del Medio
Oeste, trataron de huir de los marcianos que mataban a todos los seres
vivientes con el gas «amarillo-verde». El hiperrealismo de la transmisión,
los boletines de guerra perfectamente construidos y el uso de formas coloquiales
hicieron posible un fenómeno que todavía hoy sigue siendo utilizado como
ejemplo por los teóricos de la manipulación mediática. Sin entrar en una
discusión académica sobre los efectos de los mass-media, no debemos olvidar
que a fines de los años ’30 el posible estallido de una guerra mundial
era un sentimiento muy difundido entre la población y la hipótesis de
un ataque japonés –o alemán– contra los Estados Unidos era una posibilidad
concreta (como lo demostró el bombardeo a la base de Pearl Harbour pocos
años más tarde). La impecable adaptación radiofónica de Orson Welles y
Howard Koch hizo el resto. En
1975 fue realizada The Night that Panicked America, una estupenda
reconstrucción televisiva de la radiotransmisión de Welles dirigida por
Joseph Sargent y guionada, una vez más, por Howard Koch. En el cast
de este film –lamentablemente nunca distribuido en el circuito del video–
figuran algunos actores reconocidos como Vic Morrow, Cliff De Young, Paul
Shenar (en el papel de Orson Welles) y Joshua Bryant como Howard Koch.
Personaje desafortunado este Koch: nació en New York en 1902 y a partir
de los años ’40 escribió algunos largometrajes que hicieron la historia
de Hollywood, desde Sergeant York (1941) hasta Rhapsody in Blue
(1945) pasando por Casablanca (1942). En los años ’50 el nombre
de Koch apareció en la célebre lista negra de «comunistas infiltrados»
en los studios, por lo que debió trasladarse con su esposa a Inglaterra,
donde siguió firmando sus trabajos con el seudónimo Peter Howard.
3.
La invasión en la pantalla grande
«¡Interrumpimos
la transmisión para darles un flash con las últimas noticias! Una astronave
marciana ha aterrizado en la periferia de New York… » La
adaptación de Haskin y Pal agrega a la trama literaria diseñada por Wells
una tecnología más actualizada y situaciones narrativas específicas de
la lógica del cine de Hollywood. A diferencia de la victoriana historia
contada por el inglés, en la versión cinematográfica de The War of
the Worlds al personaje central (el joven Clayton Forrester) se suma
una bella joven (Sylvia Van Buren) que lo acompañará en sus desplazamientos
por los campos de batalla. La película retoma no pocos elementos de la
producción bélica de la posguerra y no ahorra tecnología terrestre a la
hora de frenar el ataque marciano; llegado el momento, los militares no
dudan en lanzar una bomba atómica a pocos kilómetros de Los Angeles. Al
principio los técnicos de Hollywood trataron de reproducir los gigantescos
trípodes descriptos por H. G. Wells, pero la idea fue posteriormente descartada
para desarrollar las astronaves con forma de manta raya, una versión estilizada
del clásico flying saucer. Un tentáculo superior lanzaba el fastidioso
«rayo calórico». No debemos olvidar que la nave alienígena con forma de
plato invertido ya había entrado en el imaginario popular, especialmente
a partir de los cada vez más frecuentes avistamientos de discos volantes
en los primeros años de la posguerra. La realización del marciano –hecho
de goma y papel pintado– y la reconstrucción dentro de los estudios de
la ciudad de Los Angeles –necesaria para filmar las escenas finales– son
otros dos puntos a favor de los efectos especiales de The War of the
Worlds. Escribe Amis: «(es) la mejor película de este tipo … se
incluían no solamente marcianos bastante verosímiles, de conducta lógica
en un contexto extraterrestre, sino que además representaban un real y
enorme peligro, lo suficientemente grande como para que no bastasen para
conjurarlo un par de tiros … » (1966:54). Sin embargo a esta obra
le falta el clima oprimente y dark de otras invasiones menos costosas
pero más aterradoras filmadas en el mismo período. Uno de los dos directores
de The War of the Worlds, George Pal, volverá a la obra de H. G.
Wells para filmar una interesante versión de The Time Machine en
1959.
4.
Una invasión multimedial
«¡Interrumpimos
la transmisión para darles un flash con las últimas noticias! Una astronave
marciana ha aterrizado en la periferia de New York… »
En
1950, Feldstein publicó en Weird Science un cómic titulado SF
Radio Broadcast Causes Panic que retoma la versión radiofónica de
The War of the Worlds. En la primera parte, Feldstein describe
las reacciones de los aterrorizados oyentes de la transmisión de Orson
Welles (Carson Walls en el cómic). Después de algunos años la emisora
propone el espectáculo por segunda vez pero avisando previamente que se
trata de un radioteatro. Durante esta segunda versión la transmisión es
interrumpida en numerosas ocasiones para informar sobre el aterrizaje
de una nave espacial en la periferia de New York. Obviamente se trata
de una verdadera invasión espacial pero nadie reacciona a tiempo. Las
comunicaciones se interrumpen y los aeropuertos son destruidos por los
invasores. En pocos días la Tierra será totalmente devastada y transformada
en una próspera colonia de Júpiter. El tono sarcástico que Albert Feldstein
imprime a este cómic es el mismo que permea toda la producción de la EC,
siempre a mitad de camino entre la parodia y la crítica social cáustica. Pero
volvamos a la literatura. Kevin J. Anderson fue el encargado de curar
una antología –en la cual participaron Robert Silverberg, David Brin,
Daniel Keys Moran, George Alec Effinger, Don Webb Walter, John Williams,
Chad Lundgren, Mike Resnick y Gregory Benford– que describe la invasión
de H. G. Wells tal como se dio en diferentes países. Gregory Benford y
David Brin publicaron en 1996 el cuento «Côup de Foudre» en el cual Jules
Verne relata el ataque marciano a París. Sin embargo, la revisitación
más interesante de este imaginario literario la encontramos en The
War of the Worlds of Sherlock Holmes (1975) escrita por M. W. Wellman
y W. Wellman. Estos dos autores –padre e hijo– introducen en la obra de
Wells algunos personajes inolvidables creados por Arthur Conan Doyle en
aquellos años: Sherlock Holmes, el Dr. Watson y el Profesor George Edward
Challenger. En esta versión la invasión marciana es narrada de manera
alternada a partir de las aventuras del brillante detective de Baker Street
y la oveja negra del establishment científico británico, «los
mejores y los más entendidos hombres que me han sido dados a conocer»,
según las palabras del Dr. Watson. El
cruce intertextual entre la novela de H. G. Wells y los personajes de
Conan Doyle invierte en parte el espíritu que anima The War of the
Worlds, una obra embebida de resignación y en la cual los terrícolas
apenas se oponen al potente enemigo alienígena. Los dos cerebros más potentes
del Imperio Británico ya están trabajando incluso antes de la llegada
del primer cilindro marciano a los campos cercanos de Woking. Holmes y
Challenger estudian atentamente los movimientos de los marcianos y anticipan
el desenlace «natural» de la invasión, llegando incluso a capturar un
bellísimo ejemplar de alienígena. La dupla Wellman-Wellman nos presenta
un trío de personajes –por momentos demasiado estereotipados– que propone,
sin embargo, nuevos puntos de vista sobre la invasión marciana. Gracias
a estos dos autores estadounidenses llegamos a conocer el origen nuclear
(fisión atómica) del mortal «rayo calórico»; por otro lado, no deja de
sorprender a los viejos lectores de las aventuras de Holmes la no menos
calórica relación entre el detective de Baker Street y la patrona de casa
(la señora Hudson), un romance para nada científico que la moralista pluma
de Sir Arthur Conan Doyle se había encargado de mantener cuidadosamente
escondido. El
9 de junio de 1978, el músico inglés Jeff Wayne presentó una versión musical
de The War of the Worlds que seguía paso a paso la novela de H.
G. Wells. A la semana siguiente este disco doble entró en los charts oficiales
del Reino Unido, donde permaneció por más de seis años hasta alcanzar
el multiplatino (más de 6 millones de copias vendidas en todo el mundo).
La obra –que combina los relatos de los protagonistas con las melodías
de Jeff Wayne– contó con la participación de Richard Burton y otros destacados
artistas que prestaron su voz a los personajes. El disco obtuvo un éxito
impresionante en España, Holanda, Nueva Zelandia, Alemania, Italia, Austria,
Portugal, Israel y los Estados Unidos. Existe una versión en español con
la voz de Anthony Quinn y otra en alemán grabada por Curt Jurgens. Algunos
singles extraídos de la obra –como «Forever Autumn» y «The Eve of the
War»– también lograron una gran difusión. En 1979, un jurado compuesto
por Steven Spielberg, Alfred Hitchcock y otros grandes maestros entregó
a Jeff Wayne el premio por la Mejor grabación de ciencia ficción, terror
y fantasía en los Estados Unidos. En los últimos años Jeff Wayne se ha
dedicado a producir videojuegos ambientados con su música que reproponen
el tema de la invasión marciana.
5.
La invasión en la pantalla chica
«Una
especie necesita tiempo para adaptarse al nuevo ambiente» Esta
serie televisiva –también conocida como The War of the Worlds: The
Second Invasion– afortunadamente duró sólo dos temporadas. Durante
la primera (1988-89), se explica el despertar de algunos marcianos «muertos»
conservados por los gobiernos de los Estados Unidos y Canadá en unos contenedores
metálicos. La historia comienza en la base militar de Fort Jerico (Nevada),
donde los contenedores han sido almacenados junto a algunos restos radioactivos
que, con el correr de los años, aniquilaron las bacterias responsables
de la derrota alienígena. Cuando los refuerzos militares llegan a la base
el panorama es desolador: seis contenedores están vacíos y más de 300
contenedores han desaparecido junto a otros tantos recipientes que contienen
el material radioactivo necesario para revivir a los otros cuerpos marcianos.
El grupo dirigido por el Dr. Harrison Blackwood –compuesto por la microbióloga
Suzanne McCullough, el experto informático Norton Drake y el coronel Paul
Ironhorse– luchará episodio tras episodio para evitar el contraataque
marciano. A
diferencia de la obra de Wells, los marcianos televisivos –que se caracterizan
por invadir los cuerpos humanos a través de un proceso osmótico– presentan
un ciclo biológico inspirado en la filmografía de los años '50. La situación
de los alienígenas no es de las mejores, ya que la misma radiación que
los ha revivido comienza a consumar sus cuerpos replicados: «todos
los análisis demuestran que el alto nivel de radiación, necesario para
protegernos de las bacterias existentes en este planeta, provoca un recalentamiento
de nuestro metabolismo. Una especie necesita tiempo para adaptarse al
nuevo ambiente», explica uno de los marcianos resucitados. Mientras
tanto decenas de ciudadanos son trasladados a Beeton (California), un
pueblito perdido donde los marcianos depositan alienígenas en espera de
que lleguen nuevos y frescos cuerpos humanos para reemplazarlos. Los
marcianos también operan en el frente tecnológico recuperando electrodomésticos
y otros inocentes artefactos terrestres para construir armas y sofisticados
instrumentos. En New Jersey algunos alienígenas son identificados mientras
buscan –con un aparato construido a partir de una aspiradora– una nave
enterrada durante la invasión del 1938; otro grupo trata de recuperar
algunos equipos conservados en el hangar 15 de la Kellogue Air Force Base
desde la derrota de 1953. Una central eléctrica de San Francisco se transforma
en una especie de destilería que convierte los cerebros humanos en un
potente medicamento para los marcianos enfermos. En la segunda temporada
(1989-90) se produce una nueva invasión a la Tierra y al grupo de Blackwood
se agrega el mercenario John Kincaid, el cual se encarga de organizar
las operaciones militares en un escenario post-apocalíptico ... Pero a
estas alturas los guionistas de esta mediocre serie televisiva estaban
a años luz del espíritu que animaba a H. G. Wells. Ahora
le toca el turno a Steven Spielberg. La web de The War of the Worlds
nos anticipa algunos datos de esta superproducción que une a dos pesos
pesados de Hollywood (Spielberg y Cruise). ¿Efectos especiales, escenas
«dantescas», retórica del exceso? Ante tanta expectativa no conviene olvidar
lo que la historia de la ciencia ficción nos enseña: las mejores películas,
las más sugerentes, a menudo han sido producidas con presupuestos bajísimos
y desterradas por la crítica a la serie B. |
Portada original de The War of the Worlds.
H.G. Wells, el padre de la invasión extraterrestre.
The Battle of Dorking, segura inspiración de Wells a la hora de escribir The War of the Worlds.
Así se imaginaba la guerra moderna en The Battle of Dorking.
Camille Flammarion, uno de los primeros defensores de la existencia de vida extraterrestre.
Un detallado mapa de los canales marcianos, según Giovanni Virgilio Schiaparelli.
Otra perspectiva de los canales marcianos, de Percival Lowell.
Edison's Conquest of Mars, una de las pretendidas secuelas de The War of the Worlds.
Orson Welles en plena faena.
Una de las tantas escenas de pánico generadas por la transmisión radial de The War of the Worlds.
El diario The New York Times dio la noticia de lo acaecido con la transmisión radial de Orson Welles.
H.G. Wells y Orson Welles. El británico calificó la versión radial como «un ultraje».
Póster promocional de la versión cinematográfica de The War of the Worlds.
Gene Barry y Ann Robinson protagonizaron la primera adpatación a la pantalla grande de The War of the Worlds, en 1953
La película fue una verdadera superproducción y contó con los mejores efectos especiales de la época.
Science-Fiction Radio Broadcast Causes Panic, adaptación a la historieta de lo sucedido con el programa de Orson Welles, pero con una vuelta de tuerca. Su autor fue Albert Feldstein.
Con el tiempo, la versión radiofónica de Welles fue llevado a un disco, y hoy día es posible conseguirla en Internet.
A fines de los '80, The War of the Worlds se transformó en una serie televisiva.
En la serie, el paso del tiempo les permite a los marcianos crear la resistencia necesaria a las bacterias terrestres...
La impronta que le imprimiera H.G. Wells a su obra marcaría al tema de la invasión extraterrestre para siempre. Eso explica su actualidad, después de transcurrido más de un siglo desde la publicación original de The War of the Worlds.
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©
Carlos Scolari
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