ENSAYO
El periplo mediático de la invasión extraterrestre más famosa, analizado por un especialista.

Carlos
Scolari

ESPECIAL H.G. WELLS

Como parte de la celebración por la edición de No pasarán en España, Carlos Scolari publicó en su sitio web este ensayo que aquí reproducimos dedicado a Herbert George Wells. Este texto, además, forma parte del libro en sí y aporta una minuciosa revisión del recorrido mediático realizado por The War of the Worlds.

 

1. ¡Llegan los marcianos!

«¡Ya llegan! ¡Llegan los marcianos!»
H. G. Wells, The War of the Worlds

Dos acontecimientos, uno de carácter militar y otro astronómico, se entrelazan en el origen de la novela de H. G. Wells The War of the Worlds. La militarización de Alemania en la segunda mitad del siglo XIX propició la publicación en el resto de Europa de una serie de obras que ficcionalizaron este rearme de la potencia prusiana. Escritas en un estilo semidocumental, novelas como The Battle of Dorking de George Chesney (1871) ejercieron una notable influencia sobre el scientific romance de Wells. La catastrófica descripción del ataque marciano y la caótica fuga de Londres encuentran en estas obras un explícito antecedente estilístico; el hiperrealismo de ciertas imágenes bélicas será retomado por Orson Welles en su histórica transmisión radial de 1938.

Pero la amenaza no venía sólo de Berlín. En el siglo XIX muchos astrónomos estaban realmente convencidos de la existencia de vida inteligente en Marte. A partir de 1877 el astrónomo italiano Giovanni Virgilio Schiaparelli comenzó a recorrer con su telescopio la compleja red de canales sobre la superficie marciana -descubierta por el jesuita Angelo Secchi en el siglo XVIII- dando origen a un debate que marcaría la ciencia y la literatura de los años sucesivos. Impresionado por las que aparecían como gigantescas obras de ingeniería hidráulica, Schiaparelli se preguntará en su clásico La Vita sul Pianeta Marte: ¿Qué forma de orden social será la más conveniente para mantener esa estructura hidráulica? ¿Un socialismo colectivo, que transforma cada valle en un «falansterio»? ¿O una «federación de valles» independientes? Más allá de la respuesta, la existencia de vida inteligente en Marte parecía fuera de discusión.

A finales del siglo XIX cientos de astrónomos se entretenían escudriñando el cuarto planeta del sistema solar. Entre ellos estaba M. Javelle, un astrónomo de Niza (Francia) que había entrevisto con su telescopio extrañas luces sobre la superficie marciana. Pero no sólo los europeos miraban hacia los cielos; desde su observatorio privado en Arizona el astrónomo estadounidense Percival Lowell también estudiaba con atención los canales descubiertos por Secchi tratando infructuosamente de individuar a sus constructores. Lowell publicará en 1896 el libro Mars a la que seguirán otras tres obras de astronomía divulgativa que alcanzaron una gran repercusión: Mars and its Canals (1906), Mars and its Mystery (1906) y Mars as the Abode of Life (1908). Si Schiaparelli había tímidamente expuesto la hipótesis geológica para explicar la formación de los canales pero sin descartar a priori un posible origen artificial («Yo me cuidaré bien de combatir esa suposición, la cual no tiene nada de imposible» afirmaba el astrónomo italiano), Lowell será un ardiente defensor de la presencia de una cultura inteligente en Marte. Según el astrónomo norteamericano los canales rectilíneos que cruzan su superficie sólo podían ser el resultado de un complicado trabajo de ingeniería realizado por una civilización muy avanzada. También el astrónomo francés Flammarion (autor de La Planète Mars) defendía esta hipótesis.

En 1898 Herbert George Wells publicará en Londres The War of the Worlds, la madre de todas las invasiones de la ciencia ficción. Nacido en 1866 en una familia modesta, Wells había conquistado al público con The Time Machine, su primer scientific romance; dos años más tarde confirmará este consenso entre los lectores gracias a The Invisible Man, otra obra magistral de la literatura fantástica victoriana. Con The War of the Worlds, H. G. Wells funda un riquísimo filón narrativo que marcará a fuego a la ciencia ficción del siglo XX; esta obra «acepta la premisa de Lowell de que existen unos marcianos inteligentes, les dota de la naturaleza agresiva atribuida desde antiguo al sangriento planeta rojo que lleva el nombre del dios de la guerra, y se sirve de las descripciones científicas de Marte elaboradas por Lowell para extrapolar la naturaleza y los propósitos de la raza que invade la Tierra … La novela de Wells es la primera de una larga serie de obras que aceptan la hipótesis de los marcianos inteligentes y la toman como punto de partida de una extrapolación novelística muy elaborada» (Scholes-Rabkin, 1982:132). Podemos decir que The War of the Worlds empieza donde termina The Time Machine. Si en este romance el viajero temporal llega a vislumbrar los últimos días de nuestro planeta, cuando la vida está a punto de extinguirse debido a la muerte del sol, los marcianos que deciden invadir la Tierra deben afrontar el mismo problema: la decadencia de un ecosistema. El fantasma de Darwin se agita detrás de cada una de las páginas escritas por Wells.

The War of the Worlds obtuvo un éxito tan grande que inspiró a numerosos autores de menor calibre. Apenas pocos meses después de su publicación los escritores replicantes se pusieron a trabajar. El astrónomo y divulgador científico estadounidense Garret P. Serviss sintió la imperiosa necesidad de publicar Edison’s Conquest of Mars, una obra –aparecida en forma de serial en 1898 y como libro en 1917– en la cual la Tierra envía una flota a Marte para vengar la agresión marciana narrada por H. G. Wells. En 1912, el virus de la invasión también contagió al francés Jean de la Hire, quien escribirá una obra –Le Mystère des XV– que pretendía ser una continuación de The War of the Worlds.

 

2. La invasión sale al aire

«Tomamos las mantas y mi nieta quería llevarse el gato y el canario. Estábamos delante del garaje cuando vino el chico del vecino y nos dijo que era una obra de teatro.»
Testimonio recogido después de la transmisión radiofónica de Orson Welles


La novela de H. G. Wells se confirma definitivamente como obra de referencia, no sólo en el campo de la narrativa de ciencia ficción sino de la cultura de masas, cuando la noche del 30 de octubre de 1938 Orson Welles emitió su antológica versión radiofónica de The War of the Worlds. A la inteligente adaptación realizada por el guionista Howard Koch, el genial director agregó una perfecta ambientación sonora muy realista que literalmente enloqueció a miles de oyentes. El padre fundador, H. G. Wells, definió esta transmisión como «un ultraje».

Los oyentes que sintonizaban el Mercury Theatre descubrían que el espectáculo era continuamente interrumpido para permitir la difusión de comunicados urgentes. La entrada impetuosa de la «noticia de último momento» no era nueva en el mundo radiofónico estadounidense: en setiembre de 1938 –un mes antes de la emisión de Welles– la programación había sufrido interrupciones a cada momento porque corrían fuertes rumores de un inicio de las hostilidades contra las potencias del Eje. Para enriquecer el texto y aumentar su credibilidad, el guión de Koch proponía además la salida al aire «en directo» de astrónomos pertenecientes a las principales universidades y observatorios norteamericanos. El profesor Richard Pierson –interpretado por Orson Welles– era el personaje central del drama. A medida que avanzaban los marcianos los otros personajes que ocupaban altos cargos de gobierno entraban en escena: el general Montgomery Smith, el vicepresidente de la Cruz Roja y el Secretario del Interior daban precisas indicaciones para la evacuación de la población civil y la organización de la contraofensiva. Numerosos oyentes cayeron en la trampa de Welles; otros, en cambio, intuyeron inmediatamente las características ficcionales del programa: «era como uno de esos cuentos que leo en Amazing Stories, pero mucho más emocionante».

Los fenómenos de histeria colectiva que se dieron durante la emisión del programa ya entraron en la historia de los mass-media: «miré desde la ventana y todo parecía normal. Se ve -pensé- que todavía no llegaron a este barrio… », explicaba un oyente, pocas semanas más tarde, frente a un investigador. Miles de personas, desde New Jersey hasta los pequeños pueblitos del Medio Oeste, trataron de huir de los marcianos que mataban a todos los seres vivientes con el gas «amarillo-verde». El hiperrealismo de la transmisión, los boletines de guerra perfectamente construidos y el uso de formas coloquiales hicieron posible un fenómeno que todavía hoy sigue siendo utilizado como ejemplo por los teóricos de la manipulación mediática. Sin entrar en una discusión académica sobre los efectos de los mass-media, no debemos olvidar que a fines de los años ’30 el posible estallido de una guerra mundial era un sentimiento muy difundido entre la población y la hipótesis de un ataque japonés –o alemán– contra los Estados Unidos era una posibilidad concreta (como lo demostró el bombardeo a la base de Pearl Harbour pocos años más tarde). La impecable adaptación radiofónica de Orson Welles y Howard Koch hizo el resto.

En 1975 fue realizada The Night that Panicked America, una estupenda reconstrucción televisiva de la radiotransmisión de Welles dirigida por Joseph Sargent y guionada, una vez más, por Howard Koch. En el cast de este film –lamentablemente nunca distribuido en el circuito del video– figuran algunos actores reconocidos como Vic Morrow, Cliff De Young, Paul Shenar (en el papel de Orson Welles) y Joshua Bryant como Howard Koch. Personaje desafortunado este Koch: nació en New York en 1902 y a partir de los años ’40 escribió algunos largometrajes que hicieron la historia de Hollywood, desde Sergeant York (1941) hasta Rhapsody in Blue (1945) pasando por Casablanca (1942). En los años ’50 el nombre de Koch apareció en la célebre lista negra de «comunistas infiltrados» en los studios, por lo que debió trasladarse con su esposa a Inglaterra, donde siguió firmando sus trabajos con el seudónimo Peter Howard.

 

3. La invasión en la pantalla grande

«¡Interrumpimos la transmisión para darles un flash con las últimas noticias! Una astronave marciana ha aterrizado en la periferia de New York… »
Albert Feldstein, Panic

El éxito alcanzado por el largometraje The Thing from Another World (Nyby-Hawks, 1951) terminó convenciendo a la Paramount –propietaria de los derechos de The War of the Worlds desde hacía más de 25 años– de la necesidad de llevar a la pantalla gigante la novela de H. G. Wells. En 1953 Byron Haskin y George Pal iniciaron la filmación con la participación de Gene Barry y Ann Robinson en los roles principales. La película debe ser considerada la primera gran superproducción hollywoodense dentro del género de la ciencia ficción: los efectos especiales utilizados eran el máximo que la tecnología disponible en los studios podía ofrecer; el apoyo logístico por parte de las fuerzas armadas estadounidenses se confirma en las escenas bélicas, filmadas con un imponente despliegue de medios militares terrestres y aéreos.

La adaptación de Haskin y Pal agrega a la trama literaria diseñada por Wells una tecnología más actualizada y situaciones narrativas específicas de la lógica del cine de Hollywood. A diferencia de la victoriana historia contada por el inglés, en la versión cinematográfica de The War of the Worlds al personaje central (el joven Clayton Forrester) se suma una bella joven (Sylvia Van Buren) que lo acompañará en sus desplazamientos por los campos de batalla. La película retoma no pocos elementos de la producción bélica de la posguerra y no ahorra tecnología terrestre a la hora de frenar el ataque marciano; llegado el momento, los militares no dudan en lanzar una bomba atómica a pocos kilómetros de Los Angeles.

Al principio los técnicos de Hollywood trataron de reproducir los gigantescos trípodes descriptos por H. G. Wells, pero la idea fue posteriormente descartada para desarrollar las astronaves con forma de manta raya, una versión estilizada del clásico flying saucer. Un tentáculo superior lanzaba el fastidioso «rayo calórico». No debemos olvidar que la nave alienígena con forma de plato invertido ya había entrado en el imaginario popular, especialmente a partir de los cada vez más frecuentes avistamientos de discos volantes en los primeros años de la posguerra. La realización del marciano –hecho de goma y papel pintado– y la reconstrucción dentro de los estudios de la ciudad de Los Angeles –necesaria para filmar las escenas finales– son otros dos puntos a favor de los efectos especiales de The War of the Worlds. Escribe Amis: «(es) la mejor película de este tipo … se incluían no solamente marcianos bastante verosímiles, de conducta lógica en un contexto extraterrestre, sino que además representaban un real y enorme peligro, lo suficientemente grande como para que no bastasen para conjurarlo un par de tiros … » (1966:54). Sin embargo a esta obra le falta el clima oprimente y dark de otras invasiones menos costosas pero más aterradoras filmadas en el mismo período. Uno de los dos directores de The War of the Worlds, George Pal, volverá a la obra de H. G. Wells para filmar una interesante versión de The Time Machine en 1959.

 

4. Una invasión multimedial

«¡Interrumpimos la transmisión para darles un flash con las últimas noticias! Una astronave marciana ha aterrizado en la periferia de New York… »
Albert Feldstein, Panic


The War of the Worlds constituye una verdadera obra «multimedial» que ha atravesado todos los medios y lenguajes que integran la industria cultural, desde la literatura de masas hasta la radio, pasando por el cine, la música y el cómic. Obviamente, la fuerza temática de la invasión marciana no podía no desembarcar en las páginas de las revistas de cómics. En enero de 1955 apareció una primera versión de la novela de Wells bastante fiel al original: el comic-book costaba 15 cents y pertenecía a una colección de obras clásicas de la literatura. Sin embargo una de las más ingeniosas relecturas de la obra de Wells –y de su versión radiofónica– había sido realizada cinco años antes por el dibujante y guionista Albert Feldstein, quizás el principal representante del perseguido grupo de historietistas de la mítica editorial estadounidense Entertaining Comics (EC).

En 1950, Feldstein publicó en Weird Science un cómic titulado SF Radio Broadcast Causes Panic que retoma la versión radiofónica de The War of the Worlds. En la primera parte, Feldstein describe las reacciones de los aterrorizados oyentes de la transmisión de Orson Welles (Carson Walls en el cómic). Después de algunos años la emisora propone el espectáculo por segunda vez pero avisando previamente que se trata de un radioteatro. Durante esta segunda versión la transmisión es interrumpida en numerosas ocasiones para informar sobre el aterrizaje de una nave espacial en la periferia de New York. Obviamente se trata de una verdadera invasión espacial pero nadie reacciona a tiempo. Las comunicaciones se interrumpen y los aeropuertos son destruidos por los invasores. En pocos días la Tierra será totalmente devastada y transformada en una próspera colonia de Júpiter. El tono sarcástico que Albert Feldstein imprime a este cómic es el mismo que permea toda la producción de la EC, siempre a mitad de camino entre la parodia y la crítica social cáustica.

Pero volvamos a la literatura. Kevin J. Anderson fue el encargado de curar una antología –en la cual participaron Robert Silverberg, David Brin, Daniel Keys Moran, George Alec Effinger, Don Webb Walter, John Williams, Chad Lundgren, Mike Resnick y Gregory Benford– que describe la invasión de H. G. Wells tal como se dio en diferentes países. Gregory Benford y David Brin publicaron en 1996 el cuento «Côup de Foudre» en el cual Jules Verne relata el ataque marciano a París. Sin embargo, la revisitación más interesante de este imaginario literario la encontramos en The War of the Worlds of Sherlock Holmes (1975) escrita por M. W. Wellman y W. Wellman. Estos dos autores –padre e hijo– introducen en la obra de Wells algunos personajes inolvidables creados por Arthur Conan Doyle en aquellos años: Sherlock Holmes, el Dr. Watson y el Profesor George Edward Challenger. En esta versión la invasión marciana es narrada de manera alternada a partir de las aventuras del brillante detective de Baker Street y la oveja negra del establishment científico británico, «los mejores y los más entendidos hombres que me han sido dados a conocer», según las palabras del Dr. Watson.

El cruce intertextual entre la novela de H. G. Wells y los personajes de Conan Doyle invierte en parte el espíritu que anima The War of the Worlds, una obra embebida de resignación y en la cual los terrícolas apenas se oponen al potente enemigo alienígena. Los dos cerebros más potentes del Imperio Británico ya están trabajando incluso antes de la llegada del primer cilindro marciano a los campos cercanos de Woking. Holmes y Challenger estudian atentamente los movimientos de los marcianos y anticipan el desenlace «natural» de la invasión, llegando incluso a capturar un bellísimo ejemplar de alienígena. La dupla Wellman-Wellman nos presenta un trío de personajes –por momentos demasiado estereotipados– que propone, sin embargo, nuevos puntos de vista sobre la invasión marciana. Gracias a estos dos autores estadounidenses llegamos a conocer el origen nuclear (fisión atómica) del mortal «rayo calórico»; por otro lado, no deja de sorprender a los viejos lectores de las aventuras de Holmes la no menos calórica relación entre el detective de Baker Street y la patrona de casa (la señora Hudson), un romance para nada científico que la moralista pluma de Sir Arthur Conan Doyle se había encargado de mantener cuidadosamente escondido.

El 9 de junio de 1978, el músico inglés Jeff Wayne presentó una versión musical de The War of the Worlds que seguía paso a paso la novela de H. G. Wells. A la semana siguiente este disco doble entró en los charts oficiales del Reino Unido, donde permaneció por más de seis años hasta alcanzar el multiplatino (más de 6 millones de copias vendidas en todo el mundo). La obra –que combina los relatos de los protagonistas con las melodías de Jeff Wayne– contó con la participación de Richard Burton y otros destacados artistas que prestaron su voz a los personajes. El disco obtuvo un éxito impresionante en España, Holanda, Nueva Zelandia, Alemania, Italia, Austria, Portugal, Israel y los Estados Unidos. Existe una versión en español con la voz de Anthony Quinn y otra en alemán grabada por Curt Jurgens. Algunos singles extraídos de la obra –como «Forever Autumn» y «The Eve of the War»– también lograron una gran difusión. En 1979, un jurado compuesto por Steven Spielberg, Alfred Hitchcock y otros grandes maestros entregó a Jeff Wayne el premio por la Mejor grabación de ciencia ficción, terror y fantasía en los Estados Unidos. En los últimos años Jeff Wayne se ha dedicado a producir videojuegos ambientados con su música que reproponen el tema de la invasión marciana.

 

5. La invasión en la pantalla chica

«Una especie necesita tiempo para adaptarse al nuevo ambiente»
Herbert Wright, The War of the Worlds: The Second Invasion

 
Antes o después la madre de todas las invasiones tenía que aterrizar en la pantalla chica. La serie televisiva The War of the Worlds (Herbert Wright, 1988-90) parte de una inquietante hipótesis: la invasión descripta por H. G. Wells en 1898, así como el largometraje de Haskin y Pal de 1953, no fueron otra cosa que narraciones de sucesos verdaderamente acaecidos. También la transmisión de Orson Welles fue un intento por parte del gobierno estadounidense de cubrir, a través de la ficcionalización, una invasión real de tropas alienígenas. La cabeza de playa marciana en Grover's Mill no fue destruida por las bacterias terrestres –como explicó a sus aterrorizados oyentes Orson Welles– sino por un puñado de valerosos combatientes de la Grover's Mill Militia. La genialidad de Welles consistió en hacer olvidar la verdadera invasión, obligando a varias generaciones de norteamericanos a focalizar sus discursos en los entretelones de la transmisión radial. Toda la población ha sufrido una pérdida de memoria colectiva que la ha llevado a olvidar esos dramáticos sucesos. El gobierno se encargó de cubrir rápidamente las evidencias físicas de los combates; en pocos meses varias ciudades fueron reconstruidas para proteger la salud mental de sus habitantes. Los investigadores han pensado varias teorías: algunos sostienen que los marcianos poseen potentes medios para cancelar la memoria colectiva; otros dicen que fueron los mismos humanos, en un gesto de autoprotección, los que borraron su propia memoria.

Esta serie televisiva –también conocida como The War of the Worlds: The Second Invasion– afortunadamente duró sólo dos temporadas. Durante la primera (1988-89), se explica el despertar de algunos marcianos «muertos» conservados por los gobiernos de los Estados Unidos y Canadá en unos contenedores metálicos. La historia comienza en la base militar de Fort Jerico (Nevada), donde los contenedores han sido almacenados junto a algunos restos radioactivos que, con el correr de los años, aniquilaron las bacterias responsables de la derrota alienígena. Cuando los refuerzos militares llegan a la base el panorama es desolador: seis contenedores están vacíos y más de 300 contenedores han desaparecido junto a otros tantos recipientes que contienen el material radioactivo necesario para revivir a los otros cuerpos marcianos. El grupo dirigido por el Dr. Harrison Blackwood –compuesto por la microbióloga Suzanne McCullough, el experto informático Norton Drake y el coronel Paul Ironhorse– luchará episodio tras episodio para evitar el contraataque marciano.

A diferencia de la obra de Wells, los marcianos televisivos –que se caracterizan por invadir los cuerpos humanos a través de un proceso osmótico– presentan un ciclo biológico inspirado en la filmografía de los años '50. La situación de los alienígenas no es de las mejores, ya que la misma radiación que los ha revivido comienza a consumar sus cuerpos replicados: «todos los análisis demuestran que el alto nivel de radiación, necesario para protegernos de las bacterias existentes en este planeta, provoca un recalentamiento de nuestro metabolismo. Una especie necesita tiempo para adaptarse al nuevo ambiente», explica uno de los marcianos resucitados. Mientras tanto decenas de ciudadanos son trasladados a Beeton (California), un pueblito perdido donde los marcianos depositan alienígenas en espera de que lleguen nuevos y frescos cuerpos humanos para reemplazarlos.

Los marcianos también operan en el frente tecnológico recuperando electrodomésticos y otros inocentes artefactos terrestres para construir armas y sofisticados instrumentos. En New Jersey algunos alienígenas son identificados mientras buscan –con un aparato construido a partir de una aspiradora– una nave enterrada durante la invasión del 1938; otro grupo trata de recuperar algunos equipos conservados en el hangar 15 de la Kellogue Air Force Base desde la derrota de 1953. Una central eléctrica de San Francisco se transforma en una especie de destilería que convierte los cerebros humanos en un potente medicamento para los marcianos enfermos. En la segunda temporada (1989-90) se produce una nueva invasión a la Tierra y al grupo de Blackwood se agrega el mercenario John Kincaid, el cual se encarga de organizar las operaciones militares en un escenario post-apocalíptico ... Pero a estas alturas los guionistas de esta mediocre serie televisiva estaban a años luz del espíritu que animaba a H. G. Wells.

Ahora le toca el turno a Steven Spielberg. La web de The War of the Worlds nos anticipa algunos datos de esta superproducción que une a dos pesos pesados de Hollywood (Spielberg y Cruise). ¿Efectos especiales, escenas «dantescas», retórica del exceso? Ante tanta expectativa no conviene olvidar lo que la historia de la ciencia ficción nos enseña: las mejores películas, las más sugerentes, a menudo han sido producidas con presupuestos bajísimos y desterradas por la crítica a la serie B.

La guerra de los mundos

Portada original de The War of the Worlds.

 

 

 

 

Herbert George Wells

H.G. Wells, el padre de la invasión extraterrestre.

 

 

 

 

The Battle of Dorking

The Battle of Dorking, segura inspiración de Wells a la hora de escribir The War of the Worlds.

 

 

 

 

The Battle of Dorking

Así se imaginaba la guerra moderna en The Battle of Dorking.

 

 

 

 

Camille Flammarion

Camille Flammarion, uno de los primeros defensores de la existencia de vida extraterrestre.

 

 

 

 

Los canales marcianos de Schiaparelli

Un detallado mapa de los canales marcianos, según Giovanni Virgilio Schiaparelli.

 

 

 

 

Los canales marcianos de Lowell

Otra perspectiva de los canales marcianos, de Percival Lowell.

 

 

 

 

Edison's Conquest of Mars

Edison's Conquest of Mars, una de las pretendidas secuelas de The War of the Worlds.

 

 

 

 

Orson Welles

Orson Welles en plena faena.

 

 

 

 

Pánico por el programa de Welles

Una de las tantas escenas de pánico generadas por la transmisión radial de The War of the Worlds.

 

 

 

 

The New York Times

El diario The New York Times dio la noticia de lo acaecido con la transmisión radial de Orson Welles.

 

 

 

 

H.G. Wells y Orson Welles

H.G. Wells y Orson Welles. El británico calificó la versión radial como «un ultraje».

 

 

 

 

Póster de The War of the Worlds

Póster promocional de la versión cinematográfica de The War of the Worlds.

 

 

 

 

Gene Barry y Ann Robinson en The War of the Worlds, 1953

Gene Barry y Ann Robinson protagonizaron la primera adpatación a la pantalla grande de The War of the Worlds, en 1953

 

 

 

 

War of the Worlds (1953)

La película fue una verdadera superproducción y contó con los mejores efectos especiales de la época.

 

 

 

 

Panic, de Albert Feldstein

Science-Fiction Radio Broadcast Causes Panic, adaptación a la historieta de lo sucedido con el programa de Orson Welles, pero con una vuelta de tuerca. Su autor fue Albert Feldstein.

 

 

 

 

The War of the Worlds

Con el tiempo, la versión radiofónica de Welles fue llevado a un disco, y hoy día es posible conseguirla en Internet.

 

 

 

 

The War of the Worlds: The Second Invasion

A fines de los '80, The War of the Worlds se transformó en una serie televisiva.

 

 

 

 

The War of the Worlds: The Second Invasion

En la serie, el paso del tiempo les permite a los marcianos crear la resistencia necesaria a las bacterias terrestres...

 

 

 

 

H.G. Wells

La impronta que le imprimiera H.G. Wells a su obra marcaría al tema de la invasión extraterrestre para siempre. Eso explica su actualidad, después de transcurrido más de un siglo desde la publicación original de The War of the Worlds.

 

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© Carlos Scolari

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