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ARTÍCULO
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Literatura
fantástica mexicana de gran calidad.
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Gerardo |
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| LOS
LLANTOS FANTASMA A PROPÓSITO DE EL LLANTO DE LOS NIÑOS MUERTOS, DE BERNARDO FERNÁNDEZ |
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Texto leído el jueves 28 de abril, durante la presentación del libro #277 del Fondo Editorial Tierra Adentro. Evento que inaugura un ciclo de presentaciones de tal colección todos los jueves últimos de mes en las instalaciones de Profética. |
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Cuando
enfrentamos como lectores las largas filas, las estanterías de libros
en tiendas departamentales, o en librerías que invitan a su recorrido,
lo hacemos con un sentido común que algo tiene de comercial. Me refiero
aquí al lector compulsivo, al que busca día tras día nuevo alimento de
palabras, no al prejuiciado o prejuicioso que carga una lista de autores
válidos y descarta toda novedad editorial. Así,
como lector común, me pregunto cuál será la reacción de la gente al enfrentar
la portada de El llanto de los
niños muertos, de Bernardo Fernández, mejor conocido en el mundo de
los cómics con el apócope Bef. El sólo título parece arrastrar, estar
saturado de ecos rulfianos que llamarán la atención de cierto grupo. Luego
viene la ilustración, o quizás es aún antes que la mirada capta en ella
los primeros indicios. En este caso no hay figura evidente, denotada,
no hay esa línea esquemática que los editores de best
sellers usan pretendiendo resumir en una sola imagen el contenido
del libro, porque, ya se sabe, una imagen vale más que mil palabras. Resalta
entonces la especial paleta: rojos, anaranjados, ocres conformando algo
amorfo, que obliga a otro examen. Quizá la mejor conclusión que podríamos
sacar es que estamos viendo un detalle en la pintura de un muralista,
un Orozco, quizá... Y después de eso... Después de eso, al menos yo, renuncio
a leer la contratapa que por tradición o bien nos presenta un galimatías
que pretende ser elevado e intelectual, o una suerte de escaleta, esquema
infame, reduccionista que en el mejor de los casos trivializa la historia
y en el peor la traiciona. ¿Por
qué todas estas consideraciones sobre una portada y su título? Quizá por
el recuerdo. Uno de tipo personal. Por el comentario que me hiciera cierto
vendedor de libros en ocasión de la segunda edición a mi primera novela;
dicho hombre aseguraba que la edición original, la de FETA, le había entregado
un registro completamente distinto al de la segunda, por el dibujo de
Cuevas. Y supongo que ese mismo efecto causó a muchos despistados. Y
que algo similar puede crear éste, el segundo volúmen de cuentos de Bef;
su cuarto libro, si tomamos en cuenta sus dos obras de corte infantil,
su quinto, si agregamos la reciente edición de Pulpo
Comics, que a pocos meses de su puesta en venta ya le ha ganado un
premio nacional de literatura fantástica, el Sizigias.
Por no hablar del sexto y séptimo, los dos futuros: por parte de Planeta,
la novela que le ganara el Primer Premio de Novela Policiaca Breve Otra vuelta de Tuerca y en España, dependiendo
de las decisiones de la Universidad Politécnica de Cataluña, la otra novela
breve que le mereciera el pasado diciembre una mención honorífica del
Premio UPC de Ciencia Ficción
2004. Y
ese algo es algo que aún no sé cómo abordar. O siquiera cómo juzgar. Expliquemos. El
primer volúmen de cuentos de Bernardo Fernández Bef se intituló Bzzzzzzt!.... ciudad interfase y fue publicado en 1998 por Times Editores, en una colección formada, esquemada por el mismo Bef;
diseñador gráfico de oficio quien vertiera sus particulares concepciones
bibliófilas en tal empresa. El volúmen, así, adquiría un realce hacia
ciertas aristas de su prosa y su temática y quizás ocultaba otras. Ahora,
con la edición de El llanto de
los niños muertos me encuentro preguntándome cuá es la adecuada estrategia
para vender libros. Su título sugiere multitud de posibilidades argumentales,
emparentadas con lo fantástico. Abrir el libro —porque no creo más en
las cuartas de forros, sólo las leo una vez agotado el volúmen— es asumir
una aparente guía al leer el epígrafe de Sylvia Plath, cuya traducción
aproximada sería: morir / es un
arte, como todo lo demás. / Yo lo hago excepcionalmente bien. Guía
que de inmediato es retorcida al enfrentar el mero título del primer cuento
«Las últimas horas de los últimos días» y más aún su argumento. Es enfrentar
polos opuestos de un mismo hecho literario. Polos autoconstruidos, prejuiciados,
he de confesarlo. Lo
que brilla, destella a lo largo de las 167 páginas, de las once piezas,
es un placer puro por la mera labor narrativa, por el oficio de contar
historias sin atender a nociones de validez o prestigio, sin amilanarse
por cuántas veces haya sido tratado semejante tema por otras plumas. Hay
un pulso constante, una fascinación por el detalle, las atmósferas, por
los grandes temás, sí, de la CF, pero también de lo fantástico. Al
iniciar el libro, hay un desconcierto. Uno que se prolonga durante un
cuento más. Asistimos a historias de holocausto, contadas cada una desde
una perspectiva distinta, un sesgo visual que entrega distintos veredictos
sobre la humanidad, quizá la cosmogonía entera. Cuando llegamos al tercer
texto, creemos saber ya de qué va el libro. Las primeras tres piezas son
antítesis, derrumbe de esquemas, un ansia de proponer ese viejo trato
que ya nadie parece manifestar de manera tan natural: te voy a contar
una historia y tú la vas a creer; así, sin más, por el placer de contarla,
por el placer de leerla, sin que este aparente hedonismo se quede en eso. Cuando
llegamos a la cuarta pieza, hay un nuevo cambio de paradigmas; esa aparente
candidez, ese tono festivo para narrar empieza a retorcerse una vez más
y la sátira política a hacerse más evidente, más incisiva, instándonos
a revisar nuestro primer dictamen. En la sexta pieza el cambio ya no sorprende,
como cambio en sí, como propuesta de movilidad; cuando alcanzamos la séptima
queda la sensación de que la anterior, «La virgen ahogada» conoce al monstruo
de Frankenstein, suerte de juego surrealista, de nonsense en los tiempos de big
brother, se acaba de transformar en una bisagra a otro mundo, uno
de CF ácida, cercana al cyberpunk,
a la space opera, pero que propone otra vez
una revisión política, o mínimo otra revisión sobre el poder. Los dos
siguientes textos se adentran aún más en esa premisa, en juegos totalmente
comprometidos con un género que había brillado por su ausencia en estas
tierras mesoamericanas, me refiero al steampunk,
ciencia ficción retro, CF a la luz de gas o a propulsión a vapor. La primera
con tema juarista y un tratamiento robótico de envidia. La segunda, incluyendo
dos juegos que retuercen otra vez la resultante. No hay otro género dónde
con más constancia aparezcan trabajos en colaboración que en la CF, y
esta vez, Bef en mancuerna con Sifuentes, nos brindan al fin una historia
inteligente en el manido y casi exclusivo ramo de los cráckeros: una ucronía
nazista de brillante resolución y entramado, donde al fin vemos una verdadera
lejanía con esa simiente spielbergiana
que fuera Indiana Jones. Las
dos últimas piezas son catálogo aparte. Coqueteos con la literatura infantil,
con el mundo, sí, querido lector aventajado, rulfiano, pero en tono globalista,
en una visión de innegable originalidad. Once
historias hilvanadas en una estructura que las hace ponerse a trabajar
en colaboración, no porque pertenezcan a un mismo universo coherente,
pecado cienciaficcionero por excelencia que muchos debemos al buen Heinlein
y su historia del futuro, sino por la postura literaria que entregan,
si se leen en orden, si el lector salteado por una vez se decide a seguir
el esquema propuesto. «El
llanto de los niños muertos», imagen rulfiana, fantasmagoría que aparece
en los muros del último relato, parece contarnos otra cosa, tras finalizar
la lectura: como ese espectro azteca de tiempos coloniales, de leyendas
provincianas, que gemía el destino de sus hijos precolombinos; justo como
ese, el espectro de unos niños muertos parece lamentar el destino supersticioso,
prejuiciado, anquilosado de la madre literatura; ese escribir con cuello
almidonado y corbata, desde el pedestal de una musa de intraducible gesto. No
sé cómo el lector general, indistinto, amorfo, verá por primera vez el
libro, lo cierto es que, sin importar su particular óptica, no será defraudado.
Fernández,
Bernardo. El llanto de los niños
muertos. CONACULTA, Fondo Editorial Tierra Adentro #277, México, 2004. |
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©
Gerardo Horacio
Porcayo
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